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Para producir mejor la agricultura necesita recuperar al menos el 20% del hábitat nativo

Una buena parte de los paisajes agrícolas de todo el mundo ha sido cultivada casi en su totalidad, generando presiones ambientales que han resultado en problemas como inundaciones, aparición de especies invasoras y el deterioro de incontables beneficios ecosistémicos. Estas actividades productivas impactan particularmente sobre la biodiversidad de nuestro planeta, la cual se encuentra actualmente en un punto decisivo. Un componente fundamental de cualquier plan de conservación es el manejo de los hábitats nativos (ambientes con vegetación nativa o autóctona). Sin embargo, los paisajes agrícolas están infra-representados en cuanto a medidas de conservación. Este nuevo estudio sostiene la necesidad de recuperar por lo menos un 20% de estos hábitats en paisajes donde se practica agricultura, ganadería y/o silvicultura. Los gobiernos de todo el mundo han acordado en conservar el 17% de la superficie terrestre en forma de áreas protegidas, pero estas medidas son insuficientes si se considera que gran parte de la superficie restante está cubierta por paisajes agrícolas. Se ha demostrado que los hábitats nativos dentro de estos paisajes cumplen una función positiva al mejorar en ellos la provisión de beneficios ecosistémicos de gran interés productivo. Sin embargo, pocos países han implementado políticas para proteger hábitats nativos dentro de paisajes agrícolas, y aquellos que han avanzado lo han hecho en base a diferentes criterios. Esto ha resultado en una gran variación entre los valores de área mínima que se exigen en distintas regiones. Los modelos matemáticos utilizados en el estudio indican que, en paisajes en los que más del 80% ha sido modificado por la actividad humana, es necesario proteger los parches de hábitat nativo restantes, recuperándolos hasta que alcancen por lo menos en un 20% de superficie. Es importante destacar, que la cobertura de hábitat nativo de ninguna manera debe reducirse si supera el 20% del paisaje productivo. En los sitios donde deben llevarse adelante acciones de restauración, ésta puede comenzar desde remanentes de vegetación nativa, expandiéndolos gradualmente hasta que alcancen la meta mínima del 20%, pero en algunos sitios particulares, el porcentaje a mantener o recuperar puede incluso superar el 50%. La clave del estudio, es que demuestra que conservar al menos el 20% del hábitat nativo no compromete la producción, la cual sí podría verse disminuida en el largo plazo si se pierden los beneficios que brindan estos hábitats nativos. Estos ambientes, a través de los procesos biológicos que ocurren en ellos, ayudan a mejorar la salud del suelo, promueven los servicios de polinización (fundamentales para muchos cultivos), frenan el avance de pestes y malas hierbas y cumplen un papel en la regulación climática. La investigación subraya la diferencia entre recuperar los hábitats nativos y las áreas protegidas por ley, dado que estas últimas suelen apuntar a la conservación de especies que son demasiado sensibles a la actividad humana como para existir dentro de sistemas productivos. A su vez, los hábitats nativos pueden oficiar como corredores naturales que interconectan áreas protegidas, ya que se establecen dentro de la matriz productiva y en sitios que de otra manera no serían conservados. De esta forma, el trabajo deja en claro que la meta de un >20% no compite con las áreas protegidas, sino que complementa sus funciones. Además, estos ambientes ofrecen una buena oportunidad para conservar ecosistemas que se encuentran menos representados, pero igualmente amenazados. Por último, se destaca que la implementación de estas pautas comprende un proceso progresivo y requiere del apoyo político a fin de establecer metas definidas, y del acompañamiento de medidas locales ajustadas al contexto de cada región. El refuerzo de la comunicación con los propietarios de las tierras es un punto clave para asegurar la efectividad en la implementación de estos hábitats. A pesar de la evidencia sobre los beneficios ecológicos y productivos que otorgan los hábitats nativos, éstos continúan deteriorándose aceleradamente, y su restauración a través de políticas públicas sigue siendo muy limitada. Aún estamos a tiempo de revertir esta tendencia, e implementar un enfoque que promueva simultáneamente la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la calidad de vida de las personas. informacion[at]ebd.csic.es: Garibaldi et al (2020) Working landscapes need at least 20% native habitat. Conserv Letter DOI: 10.1111/conl.12773


https://conbio.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/conl.12773
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El rol de los ácaros en la limpieza de las plumas

El rol de los ácaros en la limpieza de las plumas

Los ácaros de las plumas actúan como los barrenderos de las aves, a las que "limpian" de hongos, bacterias y detritus. Esta es la principal conclusión de un estudio cuyos resultados indican que los hongos, seguidos de las bacterias, son el principal recurso alimenticio de los ácaros de las plumas (además de la secreción uropigial, para la limpieza e impermeabilización del plumaje). En cambio, no se ha encontrado evidencia de que los ácaros se alimenten de recursos del ave, tales como piel o sangre. El estudio de las interacciones hospedador-simbionte es vital para entender una gran multitud de procesos, como la emergencia de enfermedades infecciosas o el efecto del cambio climático sobre la biodiversidad. En este trabajo se ha estudiado la dieta de los ácaros de las plumas de las aves a escala global, primero realizando observaciones al microscopio del contenido de 1.300 ácaros individuales de unos 100 géneros; a continuación usando secuenciación masiva y DNA metabarcoding se ha determinado el contenido intestinal de 1.833 ácaros de 18 especies. Los ácaros de las plumas de las aves son unos simbiontes permanentes que viven en las plumas de vuelo de las aves. Históricamente, se les ha considerado como parásitos, aunque sin evidencia directa sobre la forma en la que perjudicaban a sus hospedadores. Este estudio apoya la teoría de que la relación entre los ácaros y las aves no es parasitaria, sino que se trata de una relación comensalista o simbionte, por lo que estos ácaros se alimentan de micropartículas presentes en la superficie de las plumas de las aves (hongos, bacterias y polen, principalmente). Las interacciones hospedador-simbionte raramente son asociaciones con participación exclusiva de un único hospedador con un único simbionte. Más bien al contrario. Por ejemplo, solo centrándonos en los simbiontes, estos interaccionan con un gran número de especies (por ejemplo, los endosimbiontes intracelulares). De esta manera, entender los organismos con los que interaccionan los simbiontes es muy importante, puesto que la naturaleza de las interacciones simbióticas (si la interacción es de naturaleza mutualista, parásita o comensalista), es algo dependiente de contexto (que a su vez está influenciado por la red de interacciones con otros organismos). Esto hace que comprender un sistema hospedador-simbionte sea sumamente complicado y requiera de integrar evidencias del mayor número posible de fuentes. informacion[at]ebd.csic.es Doña et al (2018) Feather mites play a role in cleaning host feathers: New insights from DNA metabarcoding and microscopy Mol Ecol https://doi.org/10.1111/mec.14581


https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/mec.14581