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La variabilidad genética del cangrejo rojo americano revela su proceso de invasión

Un estudio ha descrito cómo han afectado los factores históricos, humanos y ambientales a la diversidad genética de las poblaciones invasoras del cangrejo rojo americano, Procambarus clarkii, en la península ibérica. Esta especie, nativa del sur de los EEUU y norte de México, es en la actualidad el cangrejo de agua dulce más cosmopolita del mundo y una de las especies con mayor impacto en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas acuáticos. Este estudio supone un avance significativo en la comprensión del proceso de expansión de esta especie, identificando puntos útiles para su gestión. El cangrejo rojo americano fue legalmente introducido en la península ibérica en los años 70 mediante dos introducciones independientes. Un primer grupo de cangrejos se trajo desde Luisiana en 1973 y se libera en una finca cercana a Badajoz. Al año siguiente, se importó otro cargamento mucho mayor, con destino a la marisma cultivada del Guadalquivir, liberándose en una finca de la Puebla del Río. Estas dos introducciones supusieron el inicio de la rápida expansión del cangrejo por la península, que en cuestión de décadas fue prácticamente colonizada en su totalidad. Mediante el uso de herramientas genéticas, en este estudio se ha descrito la diversidad genética de 28 poblaciones de cangrejo rojo distribuidas por la península ibérica. Estas técnicas moleculares han permitido descubrir que los dos grupos introducidos en los años 70 se han expandido de forma casi independiente el uno del otro. El grupo introducido en Badajoz se expandió principalmente por Portugal, estando poco presente en España. En cambio, el grupo introducido en los arrozales del Bajo Guadalquivir, que fue más numeroso e implicó por tanto una mayor diversidad genética, predomina en España. De esta forma, las poblaciones actuales de cangrejo rojo en la Península presentan una estructura genética marcada, determinada por las dos introducciones originales que se produjeron hace casi 50 años. Además, el trabajo muestra que la expansión del cangrejo rojo en la península ibérica no ha sido progresiva, como ocurre en otras especies invasoras que se expanden a base de pequeños saltos a corta distancia; sino que ha implicado el movimiento de muchos cangrejos a larga distancia (o cangrejos transportados muchas veces) a determinados lugares que se han convertido en focos de dispersión secundaria o centros de invasión (del término inglés "invasion hub"). Estos centros de invasión presentan una elevada diversidad genética, pues se originan a partir de muchos individuos genéticamente diferentes, y han actuado como fuente para posteriores movimientos de cangrejo a muchos otros lugares. El estudio identifica la Albufera de Valencia y el Delta del Ebro como centros de invasión, pero señala que podría haber más. Sugiere además que allí donde las condiciones ambientales son más favorables para el cangrejo rojo, sus poblaciones tienden a ser genéticamente más diversas. Esto probablemente se deba a que en los lugares favorables se minimizan los cuellos de botella (o reducción drástica del número de individuos de una población) durante el proceso de establecimiento de las poblaciones introducidas. Las especies invasoras suponen una gran amenaza para la biodiversidad a nivel mundial, y una vez establecidas son muy difíciles de erradicar, provocando grandes alteraciones en los ecosistemas. Por ello, prevenir su introducción es de gran importancia de cara a la conservación de la biodiversidad, especialmente en los ecosistemas de agua dulce que son muy vulnerables. En el caso del cangrejo rojo, el ser humano ha tenido un papel clave, introduciendo primero la especie en la Península y, posteriormente, moviendo individuos entre diferentes cuencas fluviales. Por tanto, las medidas de gestión deberían dirigirse a prevenir las traslocaciones de individuos vivos, así como centrarse en las áreas que actúan como centros de invasión para evitar una mayor expansión. informacion[at]ebd.csic.es: Acevedo-Limón et al (2020) Historical, human, and environmental drivers of genetic diversity in the red swamp crayfish (Procambarus clarkii) invading the Iberian Peninsula. Freshwater Biology. Doi 10.1111/fwb.13513


https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/fwb.13513
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Factores ambientales y antropogénicos en los daños causados por osos

Factores ambientales y antropogénicos en los daños causados por osos

En Europa cada año se reclaman las indemnizaciones por daños causados por osos pardos de unas 12.000 ovejas y cabras y 2.000 colmenas. La mayoría de estas pérdidas se concentran en unos pocos países. Este estudio destaca que las diferencias no están relacionadas con la abundancia de los osos, sino con las prácticas de manejo y uso de los recursos. Las pérdidas de ganado por ataques de lobos o las de colmenas por osos, conllevan consecuencias económicas y emocionales que han desencadenado un rechazo hacia estas especies y los ha llevado al borde de la extinción en muchas zonas. Sin embargo, las cosas han cambiado. Ahora lobos, osos y otros depredadores están protegidos y en muchos países se compensan económicamente los daños. Este estudio muestra que el número de compensaciones por daños de osos es muy diferente entre las regiones europeas. Por ejemplo, en Noruega son alrededor de 900 compensaciones al año, mientras que en Estonia sólo 30. Estas diferencias son más grandes si tenemos en cuenta que en Estonia hay 4 veces más osos que en Noruega. Dicho de otra forma: el número de compensaciones por oso es 150 veces más alto en Noruega que en Estonia. Para explicar estas diferencias tenemos que fijarnos en la forma de gestión: por ejemplo cómo se compensan las reclamaciones, si se aplica alimentación suplementaria, o la cantidad de terreno agrícola en la zona. Todos estos factores influyen en el número final de reclamaciones; sin embargo, la abundancia de osos no tiene ninguna influencia sobre ello. Una práctica comúnmente utilizada para disminuir los daños es reducir el número de osos. Este estudio demuestra que las cosas no son tan simples, y que las regiones donde se permite la caza o con un número menor de osos no son necesariamente las que tienen menos reclamaciones. La forma de compensar los daños difiere entre países y estas diferencias se reflejan en el número de compensaciones. Un ejemplo de buenas prácticas es Suecia, donde el gobierno subvenciona las medidas preventivas para proteger el ganado y las colmenas, tales como pastores eléctricos y perros. Cuando hay una denuncia por daños, un inspector tiene que verificar que fueron causados por un oso y las compensaciones se abonan únicamente si se están utilizando medidas preventivas. En el otro extremo, en Noruega hasta el 95% de las compensaciones no son verificadas, y corresponden a ganado suelto y sin protección. Estas diferencias entre países vecinos no son raras en Europa: los mismos osos son culpables de numerosos daños en un lado de la frontera, y sólo de unos pocos en el otro. informacion[at]ebd.csic.es: Bautista et al (2016) Patterns and correlates of claims for brown bear damage on a continental scale. J Appl Ecol doi:10.1111/1365-2664.12708


http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/1365-2664.12708/full