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Las rutas mundiales de la invasión del cangrejo rojo a partir de su genética

Se han identificado las principales rutas de introducción del cangrejo rojo americano Procambarus clarkii en su proceso de invasión a lo largo y ancho del planeta. Se trata del cangrejo de agua dulce más cosmopolita del mundo y una de las especies con mayor impacto en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas acuáticos. Los resultados ayudan a prevenir la expansión de esta especia invasora y a evitar posibles invasiones futuras. La reconstrucción de las principales rutas de invasión del cangrejo rojo se basa en el análisis genético de un gen mitocondrial (COI) de 1.412 cangrejos provenientes de 122 localidades del hemisferio norte. Se describen diversos escenarios de invasión que han dado lugar a distintos perfiles genéticos de las poblaciones invasoras. Por ejemplo, en Estados Unidos hay dos claras rutas de invasión, una hacia el oeste y otra hacia el este y el norte del área nativa. Las poblaciones del oeste de EEUU son más diversas genéticamente, probablemente porque se hayan transportado hasta allí cangrejos desde el área nativa en múltiples ocasiones, comenzando en la década de 1920. Los resultados genéticos señalan la zona oeste de EEUU (California), un área invadida, como el origen de las poblaciones invasoras de las Islas Hawái y una probable conexión con las poblaciones de Japón, y posteriormente en China. Los bajos niveles de diversidad genética del cangrejo rojo observados en Asia parecen corroborar el origen descrito en la literatura científica, donde un pequeño grupo de 20 cangrejos habría sido el origen de todas las poblaciones japonesas y chinas. En Europa se produjeron dos grandes introducciones desde Luisiana hacia el suroeste de España en 1973 (cerca de Badajoz) y 1974 (marismas del Guadalquivir), descritas por el propio promotor de ambas introducciones, el aristócrata Andrés Salvador de Habsburgo-Lorena. Las poblaciones generadas a partir de estas introducciones serían el origen de la mayor parte de las poblaciones europeas de esta especie. El gran número de individuos liberados en ambos eventos (250 hembras y 250 machos en Badajoz y más de 6.000 cangrejos en el Bajo Guadalquivir) ha propiciado que muchas poblaciones ibéricas del cangrejo rojo tengan elevados niveles de diversidad genética, aunque estos valores tienden a reducirse a medida que las poblaciones se alejan del suroeste ibérico. Sin embargo, un resultado inesperado del trabajo ha sido el hallazgo de un perfil genético único en las poblaciones del centro-oeste europeo, que no aparece en la península ibérica y que sugiere que otras introducciones no registradas hasta ahora han podido ocurrir desde otros lugares. información[at]ebd.csic.es: Oficialdegui et al (2019) Unravelling the global invasion routes of a worldwide invader, the red swamp crayfish (Procambarus clarkii). Freshwater Biol https://doi.org/10.1111/fwb.13312 


https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/fwb.13312
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Identificando las áreas más amenazadas del mar Mediterráneo

Identificando las áreas más amenazadas del mar Mediterráneo

El estudio se enmarca en el concepto de Espacios Operativos Seguros (SOS, del término inglés safe operating space), que determina un espacio multidimensional dentro del cual se encontraría un ecosistema y que está delimitado por diferentes tipos de impactos como serían la contaminación, la pesca o la temperatura del agua. Para que este ecosistema se encuentre en condiciones adecuadas, las magnitudes de los impactos no deberían sobrepasar unos determinados umbrales, de manera que, si la magnitud de un impacto aumenta, los umbrales del resto disminuyen y viceversa. Delimitando un SOS a partir de impactos climáticos y humanos, al disminuir la presión antrópica, el umbral para los impactos climáticos por encima del cual el ecosistema colapsaría aumenta y, por tanto, aumentaría la capacidad del ecosistema de resistir a los impactos ambientales asociados al cambio climático. Para delimitar espacialmente los potenciales impactos que afectarían el mar Mediterráneo, se han combinado múltiples metodologías y bases de datos como las series temporales más largas existentes de datos de teledetección -imágenes de satélites espaciales- que proporcionan información sobre, por ejemplo, la temperatura de la superficie marina. Se han utilizado también los datos sobre la distribución de la presión pesquera proporcionada por la ‘Global Fishing Watch'. Según el estudio, aquellas zonas más afectadas por los impactos humanos serían potencialmente más vulnerables al cambio climático. En concreto, los resultados muestran que hay determinadas zonas particularmente vulnerables como el mar Adriático, el mar Egeo, la costa africana o el mar Catalán, donde la intensidad de pesca es muy elevada. Si a esto se le suma el incremento de la temperatura del mar provocada por el calentamiento global, el resultado es que habrá especies de gran valor comercial como la sardina que se verán particularmente impactadas, ya que es extremadamente sensible al incremento de la temperatura. El saber cómo se distribuyen espacialmente estas amenazas puede ayudar a la gestión de determinadas actividades como la pesca. Por ejemplo, puede servir para regular estas actividades en áreas particularmente afectadas o desplazar la pesca a zonas que estén menos impactadas por otras amenazas. Está aproximación permite evidenciar dónde se debería de actuar localmente para minimizar los impactos de un problema global como es el cambio climático. Las administraciones locales no pueden por si solas combatir el cambio climático, ya que requiere el consenso y la actuación de toda la comunidad internacional. Sin embargo, gestionando otros posibles impactos más locales se puede disminuir la "vulnerabilidad" de determinadas áreas y ecosistemas al cambio climático. Además de combatir el calentamiento global, una posible medida de mitigación pasaría por gestionar impactos más locales. informacion[at]ebd.csic.es: Ramírez et al (2018) Spatial congruence between multiple stressors in the Mediterranean Sea may reduce its resilience to climate impacts. Scientific Reports 8:14871 DOI 10.1038/s41598-018-33237-w


https://www.nature.com/articles/s41598-018-33237-w