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Más evidencias de cómo la acción humana está afectando la evolución de animales y plantas

Muchas especies en la Tierra establecen relaciones beneficiosas con otras especies, como por ejemplo las plantas y sus dispersores de semillas. Si los animales que comen frutos desaparecen repentinamente, las plantas que dependen de ellos para dispersarse sufrirán las consecuencias. Tales relaciones son el resultado de millones de años de evolución de ambos grupos de organismos. Aquí se cuantifica cuántos años de evolución estamos perdiendo debido a la extinción de los animales frugívoros que establecen relaciones beneficiosas con las plantas. Los investigadores demostraron que algunas interacciones entre las aves y las plantas son bastante más antiguas que otras y que la extinción de una de las partes provoca una gran pérdida de la historia evolutiva. Las historias evolutivas más antiguas tienden a ser bastante particulares y realizan funciones únicas en la Naturaleza. En la Selva Atlántica, por ejemplo, la jacutinga Pipile jacutinga tiene una historia evolutiva de alrededor de 29 millones de años (Ma) y es uno de los principales dispersores del plamito juçara Euterpe edulis, que tiene alrededor de 99 Ma. Combinados, su interacción contiene cerca de 130 Ma de información evolutiva única. La jacutinga es una de las aves más cazadas en la Selva Atlántica y, si se extingue, llevará consigo la desaparición de la historia evolutiva de todas las interacciones que establece, incluida la dispersión de semillas del palmito juçara. Los seres humanos están actuando en la Tierra como el meteoro que mató a los dinosaurios. No solo estamos empobreciendo la biodiversidad de nuestro planeta, sino también empobreciendo la historia evolutiva de la Tierra. informacion[at]ebd.csic.es: Emer et al (2019) Defaunation precipitates the extinction of evolutionarily distinct interactions in the Anthropocene. Sci Adv DOI: 10.1126/sciadv.aav6699


https://advances.sciencemag.org/content/5/6/eaav6699
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Identificando las áreas más amenazadas del mar Mediterráneo

Identificando las áreas más amenazadas del mar Mediterráneo

El estudio se enmarca en el concepto de Espacios Operativos Seguros (SOS, del término inglés safe operating space), que determina un espacio multidimensional dentro del cual se encontraría un ecosistema y que está delimitado por diferentes tipos de impactos como serían la contaminación, la pesca o la temperatura del agua. Para que este ecosistema se encuentre en condiciones adecuadas, las magnitudes de los impactos no deberían sobrepasar unos determinados umbrales, de manera que, si la magnitud de un impacto aumenta, los umbrales del resto disminuyen y viceversa. Delimitando un SOS a partir de impactos climáticos y humanos, al disminuir la presión antrópica, el umbral para los impactos climáticos por encima del cual el ecosistema colapsaría aumenta y, por tanto, aumentaría la capacidad del ecosistema de resistir a los impactos ambientales asociados al cambio climático. Para delimitar espacialmente los potenciales impactos que afectarían el mar Mediterráneo, se han combinado múltiples metodologías y bases de datos como las series temporales más largas existentes de datos de teledetección -imágenes de satélites espaciales- que proporcionan información sobre, por ejemplo, la temperatura de la superficie marina. Se han utilizado también los datos sobre la distribución de la presión pesquera proporcionada por la ‘Global Fishing Watch'. Según el estudio, aquellas zonas más afectadas por los impactos humanos serían potencialmente más vulnerables al cambio climático. En concreto, los resultados muestran que hay determinadas zonas particularmente vulnerables como el mar Adriático, el mar Egeo, la costa africana o el mar Catalán, donde la intensidad de pesca es muy elevada. Si a esto se le suma el incremento de la temperatura del mar provocada por el calentamiento global, el resultado es que habrá especies de gran valor comercial como la sardina que se verán particularmente impactadas, ya que es extremadamente sensible al incremento de la temperatura. El saber cómo se distribuyen espacialmente estas amenazas puede ayudar a la gestión de determinadas actividades como la pesca. Por ejemplo, puede servir para regular estas actividades en áreas particularmente afectadas o desplazar la pesca a zonas que estén menos impactadas por otras amenazas. Está aproximación permite evidenciar dónde se debería de actuar localmente para minimizar los impactos de un problema global como es el cambio climático. Las administraciones locales no pueden por si solas combatir el cambio climático, ya que requiere el consenso y la actuación de toda la comunidad internacional. Sin embargo, gestionando otros posibles impactos más locales se puede disminuir la "vulnerabilidad" de determinadas áreas y ecosistemas al cambio climático. Además de combatir el calentamiento global, una posible medida de mitigación pasaría por gestionar impactos más locales. informacion[at]ebd.csic.es: Ramírez et al (2018) Spatial congruence between multiple stressors in the Mediterranean Sea may reduce its resilience to climate impacts. Scientific Reports 8:14871 DOI 10.1038/s41598-018-33237-w


https://www.nature.com/articles/s41598-018-33237-w