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Acumulación y biomagnificación de contaminantes en varias especies de delfines

Los retardantes de llama son compuestos usados ampliamente en la industria. Se añaden a todo tipo de productos, como ropa, aparatos electrónicos, mobiliario o tapicerías con el fin de reducir su inflamabilidad. Con el tiempo, se ha demostrado que son contaminantes muy persistentes en el medio ambiente, que se acumulan en los organismos y que pueden tener efectos nocivos sobre los organismos y las personas. En el estudio, los investigadores demuestran que tres especies de cetáceos, delfín común, calderón común y delfín mular, con diferentes áreas de distribución y costumbres de alimentación, acumulan y biomagnifican retardantes de llama. El estudio demuestra que los cetáceos que están en la parte más elevada de la cadena trófica (o cadena alimentaria), acumulan mayores niveles de estos contaminantes.  La biomagnificación supone que la concentración de contaminantes es mayor en los organismos que están en niveles más altos de la cadena trófica porque ingieren y acumulan en su organismo los contaminantes de sus presas. Este trabajo demuestra que hay una relación directa entre mayores niveles tróficos y mayores concentraciones de retardantes de llama. Y lo más interesante es que la biomagnificación se da tanto para los clásicos y hoy prohibidos PBDE, como para sus sustitutos, los decloranos. Los delfines analizados en este estudio ocupan posiciones diferentes en la cadena trófica. El delfín mular, en la posición más elevada, es precisamente el que tiene mayores concentraciones de estos contaminantes. En casi el 20% de las muestras analizadas, se encontraron valores mayores que los límites establecidos, por ejemplo, para focas, por encima de los cuales se observan efectos de disrupción endocrina, concretamente en la hormona tiroidea. Esto indica que estos contaminantes son un serio problema para animales que se encuentran en los niveles superiores de las cadenas tróficas, como es el caso de los delfines y de los humanos. El estudio también demuestra que, pese a su prohibición en Europa en el año 2004, los antiguos retardantes de llama siguen estando presentes en el medio ambiente y que los alternativos, los decloranos, son igual de persistentes que los primeros. Además, aunque todavía no se conocen sus efectos toxicológicos, algunos estudios apuntan que los decloranos también podrían ser disruptores endocrinos y genotóxicos. informacion[at]ebd.csic.es Barón et al (2015) Bioaccumulation and biomagnification of classical flame retardants, related halogenated natural compounds and alternative flame retardants in three delphinids from Southern European waters. Environ Pollut (203) doi:10.1016/j.envpol.2015.03.041


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