07 Mayo 2026
La lamprea aún vive en el Guadalquivir
Un equipo científico de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) localiza un ejemplar de lamprea marina en la Rivera de Huelva, uno de los principales afluentes del Guadalquivir
La especie se encuentra en peligro crítico de extinción en España y se consideraba prácticamente extinta en el río andaluz
La especie se encuentra en peligro crítico de extinción en España y se consideraba prácticamente extinta en el río andaluz
El investigador Sergio Bedmar junto a la lamprea capturada en la Rivera de Huelva. Crédito: Miguel Clavero / EBD-CSIC
La lamprea marina (Petromyzon marinus) se encuentra inmersa en un acusado declive en España, donde se la considera una especie En Peligro Crítico de Extinción. Mientras que las poblaciones norteñas, principalmente en Galicia y Asturias, han menguado de forma alarmante en los últimos años la tendencia regresiva comenzó mucho antes en los ríos de la vertiente mediterránea y el sur peninsular. En la cuenca del Río Guadalquivir, la especie apenas ha sido detectada en el siglo XXI y prácticamente se consideraba extinta en el gran río andaluz. Ahora, un equipo de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) ha capturado una lamprea adulta, de casi un metro de longitud, en la Rivera de Huelva, uno de los principales afluentes del Bajo Guadalquivir. El hallazgo pone de manifiesto la importancia de los pocos tramos fluviales que aún conservan la conexión con el mar y resalta la necesidad de mejorar el conocimiento sobre peces migradores, uno de los grupos de animales más amenazados en España y a nivel global.
Los peces migradores necesitan poder moverse entre los ríos y el mar. Algunos, como la anguila europea (Anguilla anguilla), se reproducen en el mar y usan los ríos para crecer, pero el ciclo opuesto, el de los peces que nacen en ríos y tienen una fase de crecimiento marina, es más frecuente. Estas especies, llamadas anádromas, son especialmente sensibles a la fragmentación de ríos por barreras (presas, azudes y otras estructuras), ya que a menudo pierden el acceso a las zonas de reproducción. En el Guadalquivir, la presa de Alcalá del Río, situada a pocos kilómetros aguas arriba de Sevilla y en funcionamiento desde 1931, hizo que la mayor parte de la cuenca perdiese la conexión con el mar. La peor parte se la llevaron los peces anádromos.
“El sollo, Acipenser sturio, al que hoy llamamos esturión, se extinguió debido a la presa, combinada con la sobrepesca, y lo mismo ocurrió con los sábalos, Alosa alosa, que en el pasado se pescaban en Sevilla”, expone Miguel Clavero, investigador de la Estación Biológica de Doñana – CSIC. Hasta ahora, también se pensaba que la lamprea podría haberse extinguido, siguiendo el camino de sollos y sábalos.
En la década de los 1970s la lamprea ya se consideraba una especie rara en el Bajo Guadalquivir, donde ha habido pocos registros posteriores, el último de ellos de 2014. “Sin embargo, vecinos de Guillena nos contaron que, en su juventud, en torno a 1980, se cogían muchas lampreas en la Rivera de Huelva”, relata Sergio Bedmar, investigador en la EBD-CSIC, que cree probable que la escasez de registros se deba en parte a la falta de cultura culinaria asociada a la lamprea en el sur de España. “En Guillena decían que las lampreas se solían coger por el simple gusto de la captura, porque ellos no pensaban comerse ese pez tan raro”, cuenta Bedmar.
En el Bajo Guadiana sí existe una explotación comercial de lamprea debido a su gran valor en la gastronomía portuguesa. Es por esto que, desde hace años, se dedican importantes esfuerzos a su estudio y monitorización, algo que no se hace en el Guadalquivir. Además, estas pesquerías dirigidas a la especie dan lugar a capturas más frecuentes y trazables. “De todas formas en el Bajo Guadiana portugués, los pescadores se quejan de que ya casi no merece la pena salir a pescarlas, porque también se ha vuelto un animal extremadamente escaso”, explica Bedmar.
Un ciclo complejo

La vida de la lamprea sigue un ciclo fascinante. Los individuos reproductores, como el capturado en la Rivera de Huelva, remontan los ríos buscando lugares apropiados para el desove. Hacen nidos en zonas de arena, en los que eliminan las piedras, moviéndolas con su boca en forma de ventosa. De las puestas nacen larvas que rápidamente se entierran en sedimentos arenosos, donde viven filtrando agua para alimentarse, como si fuesen almejas. Cuando acaba esa fase filtradora, que puede durar más de cinco años, las larvas sufren una metamorfosis durante la que, por primera vez, desarrollan ojos funcionales, una boca succionadora repleta de dientes córneos y una lengua raspadora. Esto marca su paso a lampreas juveniles (o macróftalmo), momento en el que abandonan la arena y comienzan su fase parasitaria, en la que se alimentan de peces a los que se aferran con la boca. Viajan entonces al mar, donde viven entre dos y tres años, tras los cuales dejan de comer y regresan a los ríos para reproducirse.

Image
